Paseando

Algunos lo llamaban, con cierto tono despectivo, el paseo del colesterol, aunque a él le daba igual. Cierto era que muchos iban sólo porque el médico les había recetado caminar, pero también que, fuese cual fuese la razón de unirse al grupo de jubilados andarines, incorporar aquel hábito no tenía nada de malo o vergonzoso, más bien al contrario.

Además, el beneficio para la salud de aquellos minutos gastando zapatilla no se limitaba a poner en marcha el aparato locomotor y a mejorar los parámetros de la analítica. Igual de importante o más era reactivar la vida social, disfrutar de aquella sensación de conexión con los demás y de aquel bonito paseo frente al mar.

Las conversaciones solían ser de lo más variopinto: desde sesudos análisis socio-políticos a bromas con un trasfondo picante, pasando por los relatos más costumbristas de las anécdotas que trae la vejez. Pero cuando llegaban ciertos temas era inevitable que a sus ojos se asomase la amargura, e incluso directamente el dolor. Como cuando comentaban las bajas que se iban produciendo en el equipo: unos porque tenían mal a la parienta o, lo que es peor, a un hijo, y tenían que quedarse en casa; otros porque habían tenido que encamarse; otros porque sus hijos los habían metido en una residencia; y otros, por desgracia, porque habían abandonado este mundo (creyendo que hay otro o no).

Mientras daba uno de sus últimos paseos meditaba sobre estas cuestiones y su futuro, sin resignación ni tristeza. Pensaba que cuando llegase su hora no le temblaría la voz ni sentiría remordimientos. O sí, ¿quién sabe? El miedo y el apego son libres e imprevisibles. Fuese como fuese intentaría afrontarlo con valentía. Había vivido una buena vida y, lo que no es fácil, siendo buena persona. Además, creía que la muerte es parte esencial de la vida, y que la grandeza de ésta no se medía en posesiones sino en el nivel de tranquilidad con el que podías llegar al final del camino. Y él podía podía transitar sereno, tanto hasta el ocaso de aquella playa, como hasta el de su tiempo.


Redactado para la convocatoria de enero (esencia), de Divagacionistas.

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