Pasó

¿Otra vez? A ver, si insistís…

Nunca la había visto hasta que llegó al instituto para empezar el bachillerato. Como no vivía aquí, lo más probable es que antes de eso ni nos hubiésemos cruzado en la calle. En clase no coincidimos porque ella iba un par de cursos por debajo del mío, pero sí en alguna actividad extraescolar deportiva, donde uno de los monitores nos presentó. La verdad es que mucho no le debí llamar la atención, porque no me hacía mucho caso, más allá de comentarme alguna cosa de las competiciones a las que íbamos a ir. Aunque no lo creáis, yo ahí ya lo sabía.

Un par de años después, a punto de marchar yo a la facultad, empezó a salir con un amigo mío, y entonces hicimos algo de amistad. Tampoco muy profunda, la normal que se establece entre dos colegas que de vez en cuando comparten algún rato de ocio. Nada que pudiese hacer sospechar lo que pasaría más tarde. O, por lo menos, nada que percibiese un joven inmaduro y algo tosco emocionalmente como era yo. Además, tampoco duró mucho esa situación, ya que al poco tiempo nuestros caminos se separaron de verdad: distintas carreras profesionales, en distintas ciudades, a cientos de kilómetros una de la otra, y con distintos estilos de vida y aficiones… Por terceras personas sabíamos que cada uno había ido haciendo su vida, y ni la suya ni la mía parecían ir mal, así que era raro que pudiesen volver a converger. Y, sin embargo, fue entonces cuando lo vi claro.

Pasó casi una década hasta que, en una quedada de varios amigos de juventud que se querían poner al día antes de llegar a la treintena, nos volvimos a ver. Entonces me enteré de que los dos volvíamos al barrio de nuestra adolescencia. Y ya no tuve duda alguna de que, tarde o temprano, pasaría.

Y pasó. Primero unos mensajes, luego varias llamadas y paseos, después algunas cenas, infinitos besos —nunca suficientes—, a veces algún que otro mal trago compartido, un montón de sonrisas cómplices, y, al final… una vida en común. Bueno, y vosotros, claro. El resto ya lo sabéis.

(…)

Y nunca entenderé por qué lo pedís: es la enésima vez que os lo cuento.


Redactado para la convocatoria de febrero (intuición), de Divagacionistas.

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