Supongo que todos nos iniciamos de una forma similar.
Escuchamos distintas variedades de música heavy, hasta que llegamos al black metal. No hace falta poner los discos al revés, ni buscar mensajes ocultos, ni ninguna chorrada de esas que de vez en cuando salen en la prensa: la mayor parte de grupos y de letras van de cara, no engañan a nadie. Sólo hay que echar un vistazo a las portadas de los discos. Las alusiones al Demonio, Lucifer o Luzbel, Mefistófeles, Leviatán, Baal, Baphomet, Belcebú, y otras formas de referirse al diablo, son constantes. O escuchar las letras de los principales hits. Los relatos de misas negras, de quemas de iglesias, y de orgullosas blasfemias de mayor o menor calado, son la temática principal.
El caso es que con esa afición musical nos vamos empapando de mensajes oscuros y tétricos y, medio en broma medio en serio, empezamos a identificarnos con el espíritu y la iconografía satánica. Algunos, especialmente los que ya teníamos algunas inquietudes esotéricas o alguna cuenta pendiente con el catolicismo, vamos profundizando algo más en el mensaje, hasta que llegamos a los textos de Anton Szandor LaVey y a la Iglesia de Satán.
Y un día nos invitan a participar en un ritual de invocación. Nos cuentan que es una simple parodia del misal cristiano. Aceptamos. Y estamos vendidos.
Yo estoy descubriendo demasiado tarde la magnitud de mi equivocación. ¿Cómo no me di cuenta de que este mundo de maldad y ocultismo está lleno de trampas?
Pensaba que yo sería uno de los afortunados que podría disfrutar del osculum infame, expresar así mi devoción y sumisión al Maligno, y participar en la consiguiente orgía de sodomía y dolor. Pero no era ese el papel que me habían reservado.
Y ahora, en los pocos minutos que me quedan de vida, no sé cómo librarme de las correas que me atan a este altar en el centro del pentáculo, bajo la atenta mirada del Macho Cabrío. Sólo quiero escapar de aquí, y poder denunciar esta barbarie.
Rezaré a nuestro señor Jesucristo para ver si puede obrar el milagro.
Redactado para la convocatoria de julio (negro), de Divagacionistas.