Ya viene la tacita de leche. Y, además, acompañada de un par de galletitas de esas con forma de animalito y pepitas de chocolate. ¡Bien! Vamos a tomarla.
(…)
¿Cómo? ¿Por qué tengo que esperar? Si está todo ahí, en perfecto estado, a una temperatura ideal, disponible y a mi alcance.
Ah, a que tienes que terminar de poner el resto de cosas en la mesa ¿Y yo mientras qué? ¿Aquí atado en la trona, mirando para ti? Pues es de un atractivo el plan… No sé en qué me beneficia eso a mí.
Ahora que ha vuelto a meterse en la cocina creo que puedo ir cogiéndola ya.
(…)
¡Vale, vale, vale! Que sí, que sí, que ya la dejo. Pero, ¿cuánto es ese momento?
¿Acaso no sabes de sobra que los bebés somos egocéntricos por pura naturaleza, que no tenemos una percepción del tiempo como vosotros los adultos? Además, aunque la tuviéramos, tampoco es que hayas concretado mucho, que digamos. Con esa expresión tan vaga no sé si en unos segundos podré sentir el dulzor en mi boca, o si cuando me des permiso ya voy tener que tomarla fría.
Por no hablar de que, además, tengo hambre, así que un poco de empatía, por favor, y déjame echar ya mi manito a la taza.
(…)
¿Demora de la recompensa? ¿Tolerancia a la frustración? ¿Normas básicas de cortesía? Pero, por dios, ¡si acabo de hacer dos años y medio!
Y en este tiempo no deberías tener queja de mí en lo que se refiere a estar en la mesa. Jamás he volcado un plato de papilla, ni he escupido el puré. No he rehusado probar ninguno de los alimentos en los que me habéis ido introduciendo. Normalmente acabo mi plato sin rechistar. Hasta uso la servilleta yo solito. ¿Qué más queréis?
(…)
Sí, ya, que aprenda a esperar, que me va a ser muy útil en muchas facetas de la vida. Ya me lo habéis dicho muchas veces. Y sí, vale, estoy de acuerdo: intentaré mejorar en el futuro.
Pero, de momento, ¿puedo ir mojando ya en el cacao esa galletita de león?
Redactado para la convocatoria de enero (momento), de Divagacionistas.