Taquicardia

Fue sólo un leve roce pero, en cuanto lo sintió, se detuvo bruscamente. Estaba paralizado y taquicárdico. La consciencia de aquella fricción le provocó de inmediato un intenso ardor que ascendió por su espalda, hasta provocarle quemazón en la parte posterior del cráneo. Todo el vello se le erizó de golpe y unas grandes gotas de sudor, como aparecidas de la nada, afloraron en su frente y sus sienes. Cerró los ojos y respiró hondo un par de veces, intentando mantener la calma entre sudores fríos y comprender el torrente emocional que lo invadía. Aunque pareciese extraño, aquel simple y suave contacto, por muy superficial que hubiese sido en el plano físico, le había llegado a lo más hondo de las entrañas.

Levantó los párpados con lentitud, como quien sabe que cuando lo haga empezará a contemplar una nueva fase de su existencia. Todo había pasado tan rápido, y de forma tan inesperada, que antes de hacer nada necesitaba reflexionar sobre ello. ¿Qué significaba aquello para su identidad? ¿Tendría alguna implicación en su vida cotidiana? ¿Se repetiría en el futuro más inmediato?

Abrió la puerta, cabizbajo y avergonzado. Visiblemente nervioso, se dispuso a hacer el balance de daños. Por fortuna, sólo había unos arañazos en la aleta y la esquina de la defensa. Poca cosa. Chapa y pintura, como se suele decir.

Pero dolía. Dolía mucho. Y no sólo por el desembolso económico que habría que hacer, y por los perjuicios e inconvenientes que siempre acarrean los peritajes, los presupuestos y las visitas al taller, que también, sino por un daño colateral más doloroso. Había sido incapaz de evitar aquella columna del garaje pese a su conocimiento del entorno, pese a su experiencia al volante, y pese a todo el despliegue tecnológico de extras que había pagado a precio de oro (ni los sensores de presencia, ni la retrocámara, ni el park-assistant, pudieron sobreponerse al factor humano). Y no hay rasguño más profundo que el del ego.


Redactado para la convocatoria de abril (roce), de Divagacionistas.

Desconectado

En cuanto lo vio en la fila de cajas del supermercado dejó en medio del pasillo su repleto carro y se acercó a él sonriendo.

—Pero, ¿quién está aquí? ¡Cuánto tiempo! ¿Qué es de tu vida? —dijo mientras le daba una enérgica palmada en la espalda.

—¡Hola, sí que hace tiempo, sí! —devolvió la sonrisa, aunque en parte se sentía algo importunado de que enturbiasen la tranquilidad con la que estaba haciendo cola—. Pues sin mucha novedad, la verdad, más o menos como siempre.

—¡Venga ya, si estás desaparecido! Déjame adivinar: te has casado. ¡No, no, no! Seguro que es algo peor: tienes un crío. O, espera, no me digas que es por algo tan prosaico como que has cambiado de trabajo, o que te han ascendido y ahora estás todo el día al pie del cañón en la oficina.

—Ni eso ni nada parecido. Más o menos llevo el mismo estilo de vida que siempre, y no ha cambiado nada de lo sustancial.

—¡Cualquiera lo diría! Porque no has venido a ninguna de las últimas paellas que hemos organizado, ni a la pachanga que montamos hace un par de meses, ni al viaje al Pink Pop… Además, te has ido de los grupos de WhatsApp, y no se te lee ni un mísero tuit o post en Facebook. —Se puso algo más serio y continuó—: ¡Joder, si algunos hasta llegamos a pensar que te habías enfadado o, peor todavía, que estabas enfermo!

—Si te soy sincero, no tenía ni idea de esas preocupaciones. Tampoco de que habíais montado esos planes; de saberlo a alguno me habría apuntado. Supongo que será porque ahora estoy algo más desconectado. Hace un par de meses decidí cambiar mi anterior smartphone por un móvil más convencional. —Sacó de su bolsillo un pequeño teléfono rojo y blanco de estilo antiguo, con teclado y una pequeña pantalla monocromo—. Estaba algo saturado de ruido y notificaciones, y con éste vivo más tranquilo y concentrado.

Como ya le tocaba poner la compra en la cinta transportadora, se fueron separando unos metros.

—Tío, pues eso se avisa.

—Siento el malentendido. Y además, habrá más ocasiones, ¿no? Si se os ocurre otra cosa chula, avisadme. —Se giró un momento hacia la cajera para indicarle que quería pagar con tarjeta—. Tú llámame.

—Eso está hecho. Te mando un mensaje, ¿ok?


Redactado para la convocatoria de marzo (desaparecer), de Divagacionistas.